Perdón por la tardanza en escribir de nuevo en este blog, pero hemos andado con algunos cambios. En fin, aquí estoy de nuevo. En mi último editorial en TRANSPORTE MUNDIAL hablo de Legazpi -los veteranos se acordarán- de los “pigarras” y de las “pirulas”, porque en ocasiones creo que el transporte español sigue estando anclado en un pasado que debemos olvidar.
Nadie puede pretender entrar en el transporte por la puerta falsa, aprovechando que algunas cooperativas de trabajo asociado ofrezcan la posibilidad de hacerse un “falso autónomo” a cambio de comprar un camión usado a precio de seminuevo y de pagar una cuota mensual. Para ser transportista con todas las de la ley hay que cumplir determinados requisitos, entre ellos la capacitación profesional, y lo que no se puede pretender es operar como ilegal.