Las cooperativas de trabajo asociado han vuelto a ser denunciadas públicamente por ser un pozo de irregularidades laborales, fiscales y de acceso a la profesión. Por supuesto son sólo una parte pequeña de la gran cantidad de cooperativas que funcionan en igualdad de condiciones que todas.
En nuestra revista siempre hemos defendido el cooperativismo como la mejor manera de adquirir una buena posición para las negociaciones y para, en definitiva, favorecer el empleo.
Pero también hemos defendido el cumplimiento de las normas del juego por parte de todos los que participan en la misma partida; por eso nos hemos unido a la denuncia de las malas cooperativas que a lo único que colaboran es a precarizar el sector y a desequilibrarlo con respecto a las zonas geográficas en donde actúan.
Pero me ha asaltado una duda. He estado repasando lo que escribíamos hace dos años en la revista Transporte Mundial sobre el asunto de las cooperativas de trabajo asociado.
Tenía la sensación de que las cosas habían empeorado en los últimos tiempos y, con ello, habíamos cambiado nuestra manera de ver las cosas.
Pero no, los problemas eran los mismos hace dos años y nuestra opinión también; solo que ahora hay mucho más sinvergüenza dispuesto a aprovecharse de los desesperados.
El asunto de las cooperativas de trabajo asociado ya dio problemas entonces y han venido siendo denunciadas desde entonces.
¿Tan difícil es para Fomento actuar de oficio cuando ve una de estas trapacerías? ¿Por qué se escuda en que las facturas están a nombre de la cooperativa, cuando se sabe perfectamente que en numerosos casos lo que se trasluce es una doble facturación y un posible fraude fiscal?
Vamos, que para no tener que enfrentarse a los autónomos se dice, como los temas económicos no son de mi negociado… ah… se siente….
